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Catedral de Nuestra Señora de la Purísima Concepción

En 1605 el cabildo de la villa acudió ante el obispo de Yucatán, don Diego Vázquez de Mercado, para exponerle que la iglesia parroquial, además de estar en malas condiciones, resultaba pequeña. Unos años después, el gobernador y el obispo acordaron construir una nueva. Al efecto se compraron los solares que integraban la manzana norte de la plaza y dio principio la obra que incluía una capilla abierta con su atrio del lado de mar, y un cementerio en el lado opuesto; en el medio, el templo de tres naves. A fines de 1610 se suspendió la fábrica por falta de recursos. Aunque no se han determinado la fecha en que se modificó el proyecto original, ni los períodos de edificación, fue hasta 1705 cuando el obispo en turno bendijo la iglesia. En 1760 se concluyó la ampliación hasta las dimensiones actuales, incluyendo la torre poniente conocida como “La Española”. La otra torre, “La Campechana” se erigió en 1850. La fachada principal, de dos cuerpos, está revestida de cantera tallada y enmarcada por dos pilastras. La portada es de arco de medio punto, mientras que la ventana del coro es un arco trilobulado, ambas franqueadas por dos pares de pilastras estriadas en medio de las cuales hay nichos ornamentados que resguardan esculturas de santos varones de la iglesia. En el alféizar de la ventana, la imagen de “La Concepción”, patrona de la ciudad a cuya advocación está consagrada la parroquia. Dos ojos de buey complementan la iluminación del coro interior. El remate curvilíneo de la fachada es característico del barroco, pero son sus torres los elementos que más significan del conjunto. Éstas, de muros lisos en sus tres primeros cuerpos, se prolongan con otros con dos arcos de medio punto por cara. Pilastras estriadas parecen sostener los últimos cuerpos de planta octagonal, abiertas en cuatro de sus caras para dar cabida a las campanas. El motivo de las pilastras se repite llegando a estilizados bulbos coronados con crucifijos. La nave del templo es una sencilla bóveda de cañón corrido en cruz latina. En el crucero, una cúpula de ocho gajos sobre un tambor con vidrieras en medio de cada una de sus ocho caras. En el exterior, cuatro pares de arbotantes nivelan los empujes de su estructura.